domingo, 20 de abril de 2014



Dijo Albert Einstein que temía el día en que la tecnología sobrepasase nuestra humanidad. Entonces, ese día tendríamos una generación de idiotas, decía. 
Ese momento parece que ha llegado. Es raro entrar en cualquier cafetería y no ver a alguien con el móvil. Más preocupante aún cuando se encuentra con alguien. La tecnología nos está volviendo antisociales. Eso es evidente.
El teléfono móvil es uno de los instrumentos más útiles que ha inventado nunca el ser humano. Parece algo mágico, imposible a nuestro entender. Y de esa fascinación crece nuestro deseo de tener un teléfono móvil.
Cuando a alguien se le ocurrió cortar el cable del teléfono se dio un gran paso. Se abrió la veda. Surgió una industria en torno a la cual creció el mundo. Los teléfonos móviles se convirtieron en un objeto muy importante. Por primera vez, la comunicación con cualquier persona del planeta en cualquier lugar era posible.
Pero se nos fue de las manos. De la fascinación se pasó a la obsesión, como en muchos otros aspectos de la vida, el ser humano se hizo esclavo de algo que un principio no era más que una herramienta, como las lanzas en la Prehistoria o las espadas en la Edad Media.
Parece que nos vimos superados por una industria que creció más que nuestra capacidad para desintoxicarnos y dar un paso. De ahí que un gran porcentaje de la población mundial se encuentre ahora en ese selecto grupo de 'deshumanos', que pierden toda noción y se ven arrastrados por sus móviles.
Es un gran problema. Y no es que esté en contra de los móviles. En realidad considero que es algo indispensable en el mundo actual. Pero cada persona debe de ser consciente de que no es el móvil el dueño, sino al contrario. Tengo la sensación de que el ser humano se ha convertido en una herramienta para el móvil. 
Con esto sólo quiero dar mi opinión, nada de convenceros. Cada persona es capaz de ver lo que tiene delante. Esto sólo se arregla de una manera. Desintoxicación. Que cada uno vea hasta que punto no puede vivir sin su móvil y decida romper las cadenas.














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