miércoles, 23 de abril de 2014



EL PRECIO DE LA FOTO

Hoy vuelve a ser 23 de abril. Puestos. Libros. Rosas. Todo muy bonito. Hipocresía. Autoengaño. Al fin y al cabo, ¿quién lee hoy día habiendo televisión? Si San Jorge levantara la cabeza, raudo y veloz desaparecería de la faz de la tierra, con vergüenza de la vorágine que se ha convertido su día.

Cada 23 de abril las ventas de libros superan las del año entero. Parece que, por cumplir un día al año creemos salvados de tener que leer los otros 364 días, nos desembarazamos de ese peso, esa carga inútil y pesada que es leer.

Cada 24 de abril la misma historia. Miles de libros, abandonados, olvidados, escondidos ahí arriba, en el fondo, a un lado o debajo. La foto ya está hecha. Todos me han visto con este libro de García Márquez, el genio de las palabras, ya no hace falta seguir fingiendo, quiero ser el mismo de siempre, no sea que me contamine y tenga ganas de echarle una ojeada, aunque sea a la contraportada.

El lector, ávido de presas en papel, devorador de tomos que superan lo que muchas personas leen en toda su vida, está en peligro de extinción. Por mucho que parezca en días como éste que no es verdad, que la gente lee, y con ganas, no es más que un espejismo, una ilusión transitoria, breve pero intensa.

Esto es como todo. El día de la lucha contra la pobreza aplaudimos al que, sin reparo, viaja a zonas oprimidas a compartir su vida; el día del medio ambiente todo el mundo se preocupa por su planeta, y el de todos; y el del libro, todo el mundo a comprar libros.

Todo esto no es más que una llamada de atención. Los libros no muerden, sólo agarran, estiran, te envuelven, te golpean, te aplastan, te persiguen, te guían, te transportan, te hacen volar, y soñar, sobre todo soñar.

No sean tímidos. Hagan que esos diez, quince, veinte euros por una foto valgan para algo más. A lo mejor al leer incluso os engancháis. Hagamos que sea 23 de abril el 5 de marzo, el 16 de septiembre y hasta el 31 de febrero, el mundo de los libros no tiene fronteras ni fechas, sólo sentimientos. Escucha a ese librito de la esquina llorar y me cuentas que decides.































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