lunes, 5 de mayo de 2014



CUESTIÓN DE CUESTIONAR

Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica
Ya lo decía Salvador Allende. Es parte de nuestra esencia, de nuestra forma de ser. Los jóvenes aún no hemos vivido lo suficiente, la vida no nos ha dado palos las suficientes veces, tenemos la convicción de que todo, absolutamente todo es posible. Cuestionar es nuestra arma. Tenemos ese don, natural, prácticamente innato, un don que nos empuja a dudar sobre lo que tenemos bajo los pies, aún con el peligro de caer, a cuestionar lo que se nos juró y perjuró que era verdad universal. En definitiva, tenemos la necesidad imperiosa de erigir nuestras vidas, con respecto a los pasos que pretendemos dar, y no los dados por alguien tiempo atrás. Cada caminante que sea dueño y señor de su camino.

Por desgracia, esta tendencia se está quedando cada vez más enclenque, más raquítica, en los huesos. Hoy día se nos dice que las dudas no son prácticas, que sólo nos hacen perder el tiempo, que es mucho mejor tener certezas en que apoyarnos para no detenernos nunca. Nunca. Nos dan la guía de ruta. El mapa marcado. Todo indicaciones, escritas por otro en una lengua lejana, ajena. De ahí que se estén acabando aquellos buenos años del raciocinio por raciocinio, de cuestionar lo que se nos decía que era incuestionable en cualquier circunstancia. Antes, cada cual gustaba de crear sus propias certezas. A nadie gustaba que se impusieran las certezas de otros. Había diferencia de opiniones, se debatía, las ideologías no eran esos esperpentos pragmáticos en que se han convertido. Aquellos que tenían la oportunidad de estudiar no se centraban en estudiar tan sólo las tablas de multiplicar, los reyes visigodos y los ríos de África, sino que recibían, inconscientemente, la habilidad de cuestionar, la de convertir las dudas en certezas, sólo, y lo digo rotundamente, sólo una vez que uno estaba de acuerdo con lo que tenía en la mesa.

Y es que, ¿qué importancia tiene seguir la voz interesada del primer orador que diga palabras bonitas si uno es incapaz de escuchar, más allá de oír? Parece que hoy día el pensamiento en bloque está de moda. Cada cual debería ser dueño de su destino, poseedor de sus decisiones. Es en vano seguir los pasos que alguien dejó una vez en la arena. Así no se progresa. El progreso se consigue aportando. Si se repiten los errores del pasado, no se progresa nada. Pasa el tiempo en vano. No entiendo por qué hoy nos empeñamos en pensar todos igual, dentro de lo que cabe. Debe de ser mucho más cómodo dejarse llevar. Las marionetas no sufren. Pero tampoco viven. Nos empeñamos en seguir a rajatabla los pensamientos de alguien que una vez le dio por pensar.

He ahí el problema que planteo. Y hablo en mi nombre y en el de los que me rodean. Hasta que cada individuo no sea capaz de construir sus propios pensamientos, hasta que cada uno no aprenda a no dejarse engañar por la comodidad de las certezas y llenarse de benditas dudas, hasta que cada persona no aprenda a tener criterio propio, hasta entonces no podremos decir que somos seres críticos. ¿Y ser humanos? Menos aún. La capacidad de raciocinio es algo biológico, no patológico. Le damos la espalda a la vida por miedo a lo que nos podamos encontrar debajo de la alfombra.

                                                                                                           
                                                                                                                        Imanol Lizarraga

































No hay comentarios:

Publicar un comentario