
BIENVENIDOS AL MUNDO DE LAS APARIENCIAS
¿En qué nos estamos convirtiendo? Pensaba que lo diferente era bonito, que vivíamos en un mundo multicultural, que el color era mejor que el blanco y negro, que la vida tenía un sentido, que éramos libres de hacer lo que quisiésemos sin importarnos que pensara el vecino de nosotros ¿Qué nos está pasando?
Cada minuto que pasa, cada segundo que corre, cada instante nos volvemos vulgares, nos envuelven las apariencias, nos avergonzamos si el vecino tiene un coche más grande, una piscina más cara o unos hijos más ejemplares. Vivimos en una sociedad reprimida, repleta de prejuicios, grandes y pequeños, que nos hacen estúpidos.
Decir lo que uno piensa a todo el mundo es pecado, quejarse es de mala educación, no tener un cochazo que te cagas es de pobres. Nos estamos cargando la humanidad. Nos estamos convirtiendo en máquinas, consumistas, insignificantes, centrados en las apariencias.
Normal, normal, normal, todo tiene que ser normal, todo el mundo tiene que ser recto, perfecto, llevar una vida ejemplar. Todo esto cuando hay alguien mirando. Cuando estamos solos volvemos a estar igual que siempre, estresados, superados por una situación que no hemos buscado, nos sentimos perdidos, la vida está perdiendo todo su sentido. Es como estar en un teatro continuamente. Día y noche. Sin descanso.
No hay que llorar, hay que aguantar, guardar en nuestro interior todo lo que nos mata, todo sea por las apariencias, nos dicen. Nadie puede saber lo desgraciado que se siente uno. Siempre hay que sonreír hacia fuera mientras el corazón desborda de lágrimas.
¿Acaso queda alguien que se comporte como de verdad es? ¿De verdad? En una época más comunicada que nunca, más tecnológica que nunca, con todas las comodidades nos estamos quedando solos, encerrándonos en nosotros mismos, reprimiendo lo que sentimos, si somos felices, tristes, desgraciados, si amamos, si odiamos, si somos homosexuales o heterosexuales.
Todo esto los 365 días. Hay una película que empieza de esta manera:
"Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige el bricolaje y preguntarte quien coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida.
Casi se me cae el mundo al suelo de pensarlo. ¿En qué nos estamos convirtiendo? Se supone que somos libres, pero más que nunca, estamos atados con cadenas, encerrados, miserablemente fingiendo a todas horas.
¿No podemos ser nosotros mismos aunque sea por un momento? Tal vez deberíamos hacer la prueba. La prueba de fuego. Bienvenidos al mundo de las apariencias.
Imanol Lizarraga


