Escribo porque soy, porque siento, porque sufro, porque pienso, porque callo. Lo que escribo soy yo.
sábado, 24 de mayo de 2014
CIUDADANOS DE UN LUGAR LLAMADO MUNDO
Vivo convencido, y ello me convierte en esclavo de mis convicciones, de que cualquier ser humano nacido en este mundo, habitante de la humanidad, independientemente de la raza, nacionalidad o color debe y tiene que ser igual ante la ley, ante el juicio propio o ante cualquier otra muestra elemental de nuestro civismo.
Lo leí alguna vez en una declaración de derechos humanos, y se me quedó grabado en las retinas.
Lástima que todo sea una quimera, un sueño inalcanzable, una utopía imposible. A mucha gente se le llena la boca al hablar de derechos humanos, disfrutan mostrando su capacidad de empatía, su humanidad, su visión de conjunto. Muchas palabras, pocos actos. No es más que hipocresía, a mares, a granel.
Bajo esa cautela de la supuesta igualdad, nace una inmigración que muchos tachan de estorbo, de vergüenza. Parece que nadie quiere ver todo lo que hay detrás. Si todos fuésemos iguales, de verdad, si no habría distinciones, si todos tuviésemos los mismos derechos, mismas oportunidades, la inmigración estaría erradicada. La inmigración no se hace por gusto, ni para veranear, no se hace porque hace mucho calor, se hace por la carencia de oportunidades, el pisoteo continuo de derechos, si es que los hay.
Todas esas personas que se ven forzadas a dejar todo atrás, a tragar con la nostalgia, a abandonar sus vidas, sólamente para conseguir una oportunidad, algo que en occidente parece algo tan esencial, básico para unos y para todos, no dejan sus casas por placer, las dejan por supervivencia. Es un asunto de vida o muerte.
Tan sólo huyen buscando una oportunidad a la que aferrarse, un atisbo de esperanza en sus vidas, sesgadas día y noche por la falta de derechos fundamentales. Y cuando por fin llegan a algún sitio, donde poder asentarse, donde trabajar, por lo que sea, son tratados como inhumanos. Los inhumanos, somos nosotros. ¿Acaso no son tan humanos como usted o como yo? ¿No tienen las mismas características fisiológicas, las mismas metas, mismos sentimientos? ¿Acaso no sufren al igual que los demás? ¿No sueñan, no aman, no temen?
Es una dimensión del problema que nunca vemos. Parece que tenemos en nuestro interior, escondido en algún recoveco, esperando a salir, un instinto primario, carente de raciocinio, que nos empuja a defendernos del ajeno, del que viene de fuera. Como si viniera a robarnos el trabajo, la casa, a echarnos a la calle. Esa es una postura claramente racista.
Aquí entra en acción la hipocresía. Desde el comienzo de la crisis, muchísimos jóvenes, demasiados, se han visto obligados, empujados a buscar oportunidades en otros países. Ahora, algunos países como Alemania pretenden detener ese flujo constante. Al ver noticias como esta, nos vemos aterrados, avergonzados de la poca moral que muestra el gobierno alemán. ¿Y por qué cuando nosotros les hacemos lo mismo a ellos, nadie sale en protesta de ello, con la declaración de los derechos humanos en la mano?
Hipocresía, ese es el motivo. Único motivo. Si no nos gusta la inmigración, nos jodemos, nosotros mismos la hemos creado. Hemos sido nosotros quienes, enganchados por el consumismo, dependientes del materialismo más brutal y sin sentido alguno, hemos convertido algunos países, ricos en materiales que necesitamos, en agujeros negros, llenos de corrupción, injustos, devastados por la idiotez del hombre.
Y ahora, nos quejamos de la inmigración. Decimos que los inmigrantes nos quitan el trabajo, cuando son las empresas las que, sedientas de llenar sus bolsillos, contratan mano de obra barata, al borde del esclavismo. Decimos que no les queremos viviendo en nuestras casas cuando hemos derribado las suyas para sacar oro, coltán o piedras preciosas para adornar nuestras fiestas del desenfreno. Decimos que no les queremos en nuestras escuelas cuando financiamos régimenes dictatoriales, contrarios a la educación.
Cada vez que veo a una persona fuera de su país, pienso en ello. ¿No tiene problema suficientes? ¿No ha sufrido todavía lo suficiente? Oh no, claro que no, tenemos que denigrar a esa persona un poco más, mientras nos limpiamos el culo con la declaración de los derechos humanos.
Imanol Lizarraga
lunes, 5 de mayo de 2014

CUESTIÓN DE CUESTIONAR
Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológicaYa lo decía Salvador Allende. Es parte de nuestra esencia, de nuestra forma de ser. Los jóvenes aún no hemos vivido lo suficiente, la vida no nos ha dado palos las suficientes veces, tenemos la convicción de que todo, absolutamente todo es posible. Cuestionar es nuestra arma. Tenemos ese don, natural, prácticamente innato, un don que nos empuja a dudar sobre lo que tenemos bajo los pies, aún con el peligro de caer, a cuestionar lo que se nos juró y perjuró que era verdad universal. En definitiva, tenemos la necesidad imperiosa de erigir nuestras vidas, con respecto a los pasos que pretendemos dar, y no los dados por alguien tiempo atrás. Cada caminante que sea dueño y señor de su camino.
Por desgracia, esta tendencia se está quedando cada vez más enclenque, más raquítica, en los huesos. Hoy día se nos dice que las dudas no son prácticas, que sólo nos hacen perder el tiempo, que es mucho mejor tener certezas en que apoyarnos para no detenernos nunca. Nunca. Nos dan la guía de ruta. El mapa marcado. Todo indicaciones, escritas por otro en una lengua lejana, ajena. De ahí que se estén acabando aquellos buenos años del raciocinio por raciocinio, de cuestionar lo que se nos decía que era incuestionable en cualquier circunstancia. Antes, cada cual gustaba de crear sus propias certezas. A nadie gustaba que se impusieran las certezas de otros. Había diferencia de opiniones, se debatía, las ideologías no eran esos esperpentos pragmáticos en que se han convertido. Aquellos que tenían la oportunidad de estudiar no se centraban en estudiar tan sólo las tablas de multiplicar, los reyes visigodos y los ríos de África, sino que recibían, inconscientemente, la habilidad de cuestionar, la de convertir las dudas en certezas, sólo, y lo digo rotundamente, sólo una vez que uno estaba de acuerdo con lo que tenía en la mesa.
Y es que, ¿qué importancia tiene seguir la voz interesada del primer orador que diga palabras bonitas si uno es incapaz de escuchar, más allá de oír? Parece que hoy día el pensamiento en bloque está de moda. Cada cual debería ser dueño de su destino, poseedor de sus decisiones. Es en vano seguir los pasos que alguien dejó una vez en la arena. Así no se progresa. El progreso se consigue aportando. Si se repiten los errores del pasado, no se progresa nada. Pasa el tiempo en vano. No entiendo por qué hoy nos empeñamos en pensar todos igual, dentro de lo que cabe. Debe de ser mucho más cómodo dejarse llevar. Las marionetas no sufren. Pero tampoco viven. Nos empeñamos en seguir a rajatabla los pensamientos de alguien que una vez le dio por pensar.
He ahí el problema que planteo. Y hablo en mi nombre y en el de los que me rodean. Hasta que cada individuo no sea capaz de construir sus propios pensamientos, hasta que cada uno no aprenda a no dejarse engañar por la comodidad de las certezas y llenarse de benditas dudas, hasta que cada persona no aprenda a tener criterio propio, hasta entonces no podremos decir que somos seres críticos. ¿Y ser humanos? Menos aún. La capacidad de raciocinio es algo biológico, no patológico. Le damos la espalda a la vida por miedo a lo que nos podamos encontrar debajo de la alfombra.
Imanol Lizarraga
domingo, 27 de abril de 2014

BIENVENIDOS AL MUNDO DE LAS APARIENCIAS
¿En qué nos estamos convirtiendo? Pensaba que lo diferente era bonito, que vivíamos en un mundo multicultural, que el color era mejor que el blanco y negro, que la vida tenía un sentido, que éramos libres de hacer lo que quisiésemos sin importarnos que pensara el vecino de nosotros ¿Qué nos está pasando?
Cada minuto que pasa, cada segundo que corre, cada instante nos volvemos vulgares, nos envuelven las apariencias, nos avergonzamos si el vecino tiene un coche más grande, una piscina más cara o unos hijos más ejemplares. Vivimos en una sociedad reprimida, repleta de prejuicios, grandes y pequeños, que nos hacen estúpidos.
Decir lo que uno piensa a todo el mundo es pecado, quejarse es de mala educación, no tener un cochazo que te cagas es de pobres. Nos estamos cargando la humanidad. Nos estamos convirtiendo en máquinas, consumistas, insignificantes, centrados en las apariencias.
Normal, normal, normal, todo tiene que ser normal, todo el mundo tiene que ser recto, perfecto, llevar una vida ejemplar. Todo esto cuando hay alguien mirando. Cuando estamos solos volvemos a estar igual que siempre, estresados, superados por una situación que no hemos buscado, nos sentimos perdidos, la vida está perdiendo todo su sentido. Es como estar en un teatro continuamente. Día y noche. Sin descanso.
No hay que llorar, hay que aguantar, guardar en nuestro interior todo lo que nos mata, todo sea por las apariencias, nos dicen. Nadie puede saber lo desgraciado que se siente uno. Siempre hay que sonreír hacia fuera mientras el corazón desborda de lágrimas.
¿Acaso queda alguien que se comporte como de verdad es? ¿De verdad? En una época más comunicada que nunca, más tecnológica que nunca, con todas las comodidades nos estamos quedando solos, encerrándonos en nosotros mismos, reprimiendo lo que sentimos, si somos felices, tristes, desgraciados, si amamos, si odiamos, si somos homosexuales o heterosexuales.
Todo esto los 365 días. Hay una película que empieza de esta manera:
"Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas, elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige el bricolaje y preguntarte quien coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver teleconcursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida.
Casi se me cae el mundo al suelo de pensarlo. ¿En qué nos estamos convirtiendo? Se supone que somos libres, pero más que nunca, estamos atados con cadenas, encerrados, miserablemente fingiendo a todas horas.
¿No podemos ser nosotros mismos aunque sea por un momento? Tal vez deberíamos hacer la prueba. La prueba de fuego. Bienvenidos al mundo de las apariencias.
Imanol Lizarraga
miércoles, 23 de abril de 2014

EL PRECIO DE LA FOTO
Hoy vuelve a ser 23 de abril. Puestos. Libros. Rosas. Todo muy bonito. Hipocresía. Autoengaño. Al fin y al cabo, ¿quién lee hoy día habiendo televisión? Si San Jorge levantara la cabeza, raudo y veloz desaparecería de la faz de la tierra, con vergüenza de la vorágine que se ha convertido su día.
Cada 23 de abril las ventas de libros superan las del año entero. Parece que, por cumplir un día al año creemos salvados de tener que leer los otros 364 días, nos desembarazamos de ese peso, esa carga inútil y pesada que es leer.
Cada 24 de abril la misma historia. Miles de libros, abandonados, olvidados, escondidos ahí arriba, en el fondo, a un lado o debajo. La foto ya está hecha. Todos me han visto con este libro de García Márquez, el genio de las palabras, ya no hace falta seguir fingiendo, quiero ser el mismo de siempre, no sea que me contamine y tenga ganas de echarle una ojeada, aunque sea a la contraportada.
El lector, ávido de presas en papel, devorador de tomos que superan lo que muchas personas leen en toda su vida, está en peligro de extinción. Por mucho que parezca en días como éste que no es verdad, que la gente lee, y con ganas, no es más que un espejismo, una ilusión transitoria, breve pero intensa.
Esto es como todo. El día de la lucha contra la pobreza aplaudimos al que, sin reparo, viaja a zonas oprimidas a compartir su vida; el día del medio ambiente todo el mundo se preocupa por su planeta, y el de todos; y el del libro, todo el mundo a comprar libros.
Todo esto no es más que una llamada de atención. Los libros no muerden, sólo agarran, estiran, te envuelven, te golpean, te aplastan, te persiguen, te guían, te transportan, te hacen volar, y soñar, sobre todo soñar.
No sean tímidos. Hagan que esos diez, quince, veinte euros por una foto valgan para algo más. A lo mejor al leer incluso os engancháis. Hagamos que sea 23 de abril el 5 de marzo, el 16 de septiembre y hasta el 31 de febrero, el mundo de los libros no tiene fronteras ni fechas, sólo sentimientos. Escucha a ese librito de la esquina llorar y me cuentas que decides.
lunes, 21 de abril de 2014

LA PATATA CALIENTE
La educación, o lo poco que queda de ella, se ha convertido en una verdadera patata caliente para los sucesivos pseudogobiernos del PPSOE, una molestia, un problema, un grano en el ojo.
Mientras otros países con algo de civilización se dedicaban a crear pactos de estado (aquí ni nos suena) nosotros nos hemos ido escurriendo el bulto, planteando reforma tras reforma, fracaso tras fracaso, pero sin avanzar un sólo paso.
He estado investigando por ahí. LOE, LOMCE, LOGSE son los nombres de algunos de los fracasos hasta ahora. Se trata de leyes retrógradas, enfocadas a la educación del siglo XIX, empeñada en crear alumnos productivos para la industrialización, politizadas, donde el consenso es nulo y la falta de imaginación y práctica es evidente.
Lejos de ir mejorando la educación la han ido convirtiendo en una especie de esperpento político, un arma de doble filo donde la religión y la educación para la ciudadanía eran símbolos. Se han ido apartando valores fundamentales como el mérito, el esfuerzo, la imaginación, la cooperación o el respeto, dejando paso a terribles monstruosidades de la talla de la indiferencia, la falta de motivación, el doctrinarismo y el egoísmo.
El problema de la educación viene de lejos. Durante muchos años esa palabra nos sonaba lejana, y cuando por fin conseguimos introducir semejante vocablo en nuestro manual de moderno, no sabemos que hacer con él, si enterrarlo, hacer malabares o tratarlo de usted.
Desde que se implantó la educación obligatoria en este intento de país, nos hemos tambaleado de lado a lado. Si la disciplina excesiva del franquismo no nos gustaba, pasamos a la total inutilidad del sistema educativo en los últimos años. Y no lo digo yo, lo dicen los últimos informes PISA, de los cuales me valgo para dar una puñalada trapera al sistema.
Hay que hacer una síntesis del sistema. No sabemos qué hacer con él para que sea competitivo, barato y bonito. Hasta ahora se ha utilizado como escudo político, para crear en serie generaciones de estudiantes afines al régimen, con poco valor de raciocinio y menos aún valor de la democracia.
Y es que la educación es el principal pilar del que surge luego el estado. De la educación se crean los profesionales que crearán la economía del futuro. Y los ciudadanos que luego votarán, se manifestarán y se moverán para ejercer presión. Sin educación toda esta quimera parece inalcanzable. Un sueño sólo al alcance de las manos nórdicas, o al menos norteñas, al otro lado de las montaña oscenses.
Tal y como está planteada la educación hoy día, es más bien poco efectiva. Tanto estudio enfocado mediante la memoria y la poca motivación genera rechazo en el estudiante. Todo talento que tenga un alumno no saldrá a la luz de este modo, tal y como estamos ahora. Se ha enfocado la educación como un método más para transmitir conocimiento, sin analizarlo, razonarlo, debatirlo o siquiera pensarlo.
Se crean máquinas que no pensarán, que se conformarán, que pisotearán su imaginación hasta encerrarla en los más profundos abismos de su conciencia. Por este camino no llegamos a ningún lado. Tal vez estuviera bien para aquellos años del imperialismo, hoy es un sistema obsoleto que nadie ha sabido arreglar, sino parchear torpemente .
El sistema hace aguas. Hay que dar ideas. Muchos expertos llevan años desgastando la voz para hacer oír su voz, para que alguien repare en ese genio que se encuentra pisoteado por el sistema actual.
Va a parecer que hago propaganda de Einstein, pero como dijo él mismo, si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil. Todos los niños tienen un talento oculto que hay que sacar a pasear. Y no hay otra manera que el estímulo, la motivación, despertar la imaginación y hacerla sonreír. Como sigamos así, lamento decir que se está cometiendo un crimen de lesa humanidad contra los genios.
domingo, 20 de abril de 2014

Dijo Albert Einstein que temía el día en que la tecnología sobrepasase nuestra humanidad. Entonces, ese día tendríamos una generación de idiotas, decía.
Ese momento parece que ha llegado. Es raro entrar en cualquier cafetería y no ver a alguien con el móvil. Más preocupante aún cuando se encuentra con alguien. La tecnología nos está volviendo antisociales. Eso es evidente.
El teléfono móvil es uno de los instrumentos más útiles que ha inventado nunca el ser humano. Parece algo mágico, imposible a nuestro entender. Y de esa fascinación crece nuestro deseo de tener un teléfono móvil.
Cuando a alguien se le ocurrió cortar el cable del teléfono se dio un gran paso. Se abrió la veda. Surgió una industria en torno a la cual creció el mundo. Los teléfonos móviles se convirtieron en un objeto muy importante. Por primera vez, la comunicación con cualquier persona del planeta en cualquier lugar era posible.
Pero se nos fue de las manos. De la fascinación se pasó a la obsesión, como en muchos otros aspectos de la vida, el ser humano se hizo esclavo de algo que un principio no era más que una herramienta, como las lanzas en la Prehistoria o las espadas en la Edad Media.
Parece que nos vimos superados por una industria que creció más que nuestra capacidad para desintoxicarnos y dar un paso. De ahí que un gran porcentaje de la población mundial se encuentre ahora en ese selecto grupo de 'deshumanos', que pierden toda noción y se ven arrastrados por sus móviles.
Es un gran problema. Y no es que esté en contra de los móviles. En realidad considero que es algo indispensable en el mundo actual. Pero cada persona debe de ser consciente de que no es el móvil el dueño, sino al contrario. Tengo la sensación de que el ser humano se ha convertido en una herramienta para el móvil.
Con esto sólo quiero dar mi opinión, nada de convenceros. Cada persona es capaz de ver lo que tiene delante. Esto sólo se arregla de una manera. Desintoxicación. Que cada uno vea hasta que punto no puede vivir sin su móvil y decida romper las cadenas.
jueves, 17 de abril de 2014
Jueves, 17 de abril
La idea de hacer un blog no es nueva. Hacía tiempo que rondaba por mi cabeza. Pero supongo que, por falta de tiempo, de ideas originales o por otros miles de motivos que desconozco, no me atrevía a empezar.
Los comienzos siempre han sido difíciles.
Este blog ha surgido como respuesta a un millón de ideas que de pronto, han empezado a invadirme y a envolverme. Por eso, he decidido dejar atrás los motivos y hacer valer los actos y las palabras.
En los últimos años han ido apareciendo muchos problemas que a mí, como persona, me afectan. Por eso, quiero utilizar este blog para dar eco a mis ideas, para mostrar mi opinión a todo aquel que quiera compartirla o debatirla.
Por supuesto, las opiniones que aquí expondré son sólo mías. Espero no molestar a nadie, aunque también espero levantar opiniones. Que mis palabras no sean en vano.
Imanol Lizarraga
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